XIV Domingo del Tiempo Ordinario A (Mateo 11,25-30)
En la oración que Jesús hace al Padre en el evangelio
de hoy encontramos tres momentos: lo que dice a su Padre, lo que dice sobre sí
mismo y lo que nos dice a nosotros.
Comienza con un
agradecimiento porque se cumple lo que su Padre quiere. Esa
es la alegría del Hijo. Lo inefable de la comunión dentro de la Trinidad
resuena en estas sencillas palabras de Jesús.
En segundo lugar vemos como en Jesús, el Verbo
encarnado, se unen y abrazan el anhelo de plenitud del hombre y el deseo de
Dios por colmarlo con su amor. El misterio que Jesús vive, como Dios y como
hombre, quiere llevarlo a todos.
Entramos entonces en el tercer momento: la mirada de
Jesús se dirige a los que están a su alrededor invitándoles a unirse a él. Solo
podemos conocerlo si participamos de su vida. Desde su abundancia se ha abajado
para que podamos acercarnos a él desde nuestra pequeñez. Agobio y cansancio son
indicadores de una vida insatisfecha y necesitada. El Eterno ha venido a
buscarnos para que podamos descansar en él.
La salvación nos llega por la cruz de Jesús y por
compartir su destino. Meditando sobre la crucifixión, dijo Benedicto XVI: «El
yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no
es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad».
(Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)
Lecturas de la Misa de este Domingo.
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/5-7-2026/lecturas/
This Sunday´s Holy Mass Readings
https://bible.usccb.org/bible/readings/070526.cfm
