IV Domingo del Tiempo Ordinario ciclo A (Mateo 5, 1-12a)
La
proclamación de las bienaventuranzas, con la que Jesús inicia su discurso
programático, se nos presenta como una entrada amplia y majestuosa, con la que
Dios indica que quiere abrir su reino a todos y que nadie debe sentirse
excluido. Pero, al mismo tiempo, se presenta como una puerta estrecha. Quienes
han experimentado las heridas profundas de la injusticia o están marcados por
el sufrimiento comprenden que Dios no los ha abandonado; los que, por el
contrario, han puesto su confianza en lo efímero y han huido por comodidad de
todo compromiso experimentan la nostalgia de una felicidad que no pueden
alcanzar de esa manera. Para todos es un mensaje de esperanza.
Jesús
va a proclamar una nueva ley que no quedará escrita en tablas de piedra, sino
que ha de grabarse en el corazón de los creyentes. Son un nuevo programa de
vida, totalmente inaudito e inesperado. Además, queda fuera del alcance de
nuestras solas fuerzas. Por ello también necesitaremos de la fuerza que el
mismo Señor nos dará y que nos guiará desde el interior: el Espíritu Santo..
(Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/1-2-2026/lecturas/
This Sunday´s Holy Mass Readings
http://www.usccb.org/bible/readings/020126.cfm






