XVIII Domingo, tiempo ordinario, ciclo A (Mateo 14,13-21)
En
Jesús las emociones expresan la realidad de su persona y describen siempre el
movimiento amoroso de su libertad. Él ama a los hombres y dar la vida por
nosotros no es un complemento de su biografía, sino el contenido de su misión.
Por eso, su deseo de soledad, una vez más interrumpido por la multitud, no
supone apartarse de los hombres. Él nunca está lejos, pero nosotros, en grupo y
«por tierra», debemos seguir «desde los poblados» a quien, en «barca, a solas»,
marchó a «un lugar desierto».
Jesús,
anticipando lo que será el misterio de la Iglesia, implica a los discípulos en
el milagro que realiza. Son ellos los que, ante lo que se suscita en torno a su
Maestro, han de dar respuesta. Si aparece una multitud y es tarde y se
encuentran en descampado, lo obvio, desde la nueva mirada que establece Jesús,
es que hay que alimentarlos. Los discípulos han de aportar lo poco que tienen y
son los encargados de repartirlo y aun de recoger lo que sobre. Es decir, son
los que más han de admirarse y, por tanto, también los más agradecidos. De los
demás sabemos que han comido. Los discípulos no solo han visto y oído, sino que
el Señor ha contado con ellos para realizar el milagro. Han sido educados en la
compasión de Jesús para que, cuando él ya no sea visible, tengan la certeza,
como recuerda san Pablo, de que él sigue cerca, de que nada puede separarnos
del amor de Cristo y de que «en todo vencemos de sobra gracias a aquel que nos
ha amado».
Lecturas de la Misa de
este Domingo.
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/2-8-2026/lecturas/
This Sunday´s Holy Mass Readings
https://bible.usccb.org/bible/readings/080226.cfm






