DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR (Juan 20, 1-9)
La resurrección de
Cristo no es solo su victoria sobre la muerte, sino también el inicio de una
nueva vida para los que creemos en él.
La tumba vacía no
indica un final, sino un nuevo principio. Señaló Benedicto XVI: «Si falla en la
Iglesia la fe en la resurrección, todo se paraliza, todo se derrumba. Por el
contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia
la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos».
Creer en la
resurrección es el motor que nos impulsa a querer llevar a Cristo a todos los
rincones y momentos de nuestra existencia. Es saber que su amor ha vencido la
muerte y el pecado, y que, por eso, con él podemos salir vencedores en medio de
todas las circunstancias adversas. Aspirar a los bienes de arriba, como dice
san Pablo, es querer que toda nuestra vida esté conformada con Cristo, es vivir
según su amor. Es, de alguna manera, realizar el mismo camino que recorrió el
Señor, que, como recuerda san Pedro, «pasó haciendo el bien… porque Dios estaba
con él». El Señor continúa presente en su Iglesia y con nosotros. Nuestra vida
trasformada por él da testimonio de su resurrección.
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/5-4-2026/lecturas/
http://www.usccb.org/bible/readings/040526.cfm

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