San José, esposo de la Virgen María. San Mateo (1,16.18-21.24a
El ejemplo de san José es una gran guía en nuestras vidas. En primer lugar, es la prueba de que para ser un buen cristiano no es necesario realizar «grandes cosas». José es el santo de lo cotidiano: lo vemos en su hogar, ocupado en la vida doméstica y cuidando de su familia, trabajando en su taller, y pensamos en el momento de su muerte, acompañado de Jesús y la Santísima Virgen. Su existencia está entretejida de alegrías y dolores, como la del común de los hombres, pero nunca desvinculada del cuidado de la vida interior. Dios le hablaba en sueños. Los acontecimientos podían sorprenderlo, pero su juicio no dependía del vaivén de las circunstancias, sino que estaba anclado al querer de Dios. Su tranquilidad era el signo exterior de esa vigorosa interioridad y también la expresión de su justicia.
Lecturas para la Misa de esta Solemnidad
http://www.usccb.org/bible/readings/031926.cfm

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