Solemnidad
de la Inmaculada Concepción (Lucas 1, 26-38)
La tradición cristiana ha perpetuado
este momento singular de la historia en el rezo del ángelus. Tres veces al día
se nos hace presente la condescendencia de Dios y la cooperación, necesaria
según el querer de Dios, de la Doncella de Nazaret. El rezo del ángelus hilvana
nuestras tareas cotidianas para, respondiendo a todo lo que Dios nos da, ser
«alabanza de su gloria».
Contemplando
a la Virgen María, nos damos más cuenta de que no estamos aislados, sino que
formamos parte de una historia que es conducida por Dios. Él cuenta con
nosotros y nos da su gracia, pero espera nuestra colaboración. La elección y
los dones de Dios que santifican individualmente a las personas se ordenan a la
manifestación de su bondad y al bien de todos los hombres.
Lecturas para la Misa de
esta Solemnidad

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